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2010 septiembre 09, jueves
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+ Los Muchachos del Verano Sobreviven el Otoņo (Al Fin)
por Anne Verville
Publicado por primera vez en Dec 17, 2004.

Canville Communications: Article

Anne de Freedomville, NH: ¡No puedo creerlo!

Tammy de Haverhill, MA: ¡Gracias!

Connie de Laurenton, MA: ¡Lo lograron!

Carole de Loopton, MA: Si, ¡Yo sabia que mis muchachos lo lograrían!

¿De que hablan todas estas personas? Hablan acerca de El Evento que sucedió tarde una noche de octubre. No me refiero a la Noche de Espantos (Halloween), aunque de cierta manera El Evento daba susto. De hecho, El Evento sucedió durante una noche de eclipse total de la luna.

Aun cuando usted recién hubiera regresado de un viaje a la luna, usted hubiera oído las noticias extraordinarias: ¡Por primera vez en cuatro generaciones, el equipo de las Medias Rojas de Boston (Boston Red Sox) ganó la Serie Mundial! Por supuesto que estas son grandes noticias. GRANDES. Gracias a los esfuerzos de tales como Manny, Johnny y Papi, los sufridos BoSox llegaron a la portada de la revista Time®. Aun Sports Illustrated® publicó una maravillosa edición roja en honor a los Sox. Por supuesto que los periódicos de Nueva Inglaterra se regocijaron por la primera oportunidad en 86 años de anunciar las alegres noticias. Yo oí que los publicadores de periódicos podían oír a las máquinas impresoras cantando “Los Red Sox ganaron, los Red Sox ganaron. Yo sabia que podían hacerlo, yo sabia que podían hacerlo,” mientras imprimían los periódicos. Yo me creo esa historia. Después de todo, yo pude ver los titulares en relieve que saltaban jubilosos hasta mí al dia siguiente.

 Yo también sabía que los Red Sox podían ganar la Serie. Yo sabía que tenían esa capacidad. Ocasionalmente, ese equipo llegaba hasta los partidos de desempate y muchas veces jugaban brillantemente. Lo único que yo deseaba era que el equipo llegara a ganar la Serie durante mi vida. Yo no era la única que se sentía asi. En la tienda de la esquina, el día después de El Evento, yo le mencioné al dueño de la tienda (que llevaba puesta una camisa de los Red Sox) que yo me sentia maravillada de que los Red Sox hubieran ganado por fin la Serie. Otro cliente, un conductor de autobuses escolares de 60 años de edad, se volteo hacia mi deliberadamente y exclamó, “¡Yo también, y he estado esperando mas tiempo que tú! ¡A mí tampoco me quedaban tantos años para esperar!”

Si, todos estábamos esperando esperando ese momento, la última lanzada a la primera base, aproximadamente a las 11:40 p.m. del martes 27 de octubre del 2004. Desde el comienzo de ese juego, yo sentía que los Sox iban a espantar a los Cardinals. Nosotros habíamos ya ganado siete juegos consecutivos y yo sabia que íbamos a ganar ocho. Estreche mis piernas de manera que cuando llegara el momento de ganar, yo pudiera saltar tan alto que tocara el cielo. En lugar de eso, cuando llegó el gran momento, me convertí en una imitación de un árbol petrificado. Sentí incredulidad y parálisis. Me murmuré a mi misma una y otra vez, “Los Red Sox ganaron la Serie Mundial, los Red Sox ganaron la Serie Mundial” hasta que el concepto penetró en mí cerebro. En ese momento brinqué de alegría.

Las reacciones de los ciudadanos de la Nación de los Red Sox fueron de incredulidad, alivio, júbilo, y un sentido de cierre y venganza. Muchos de nosotros sentimos todas esas sensaciones simultáneamente. Todos tenemos una historia que contar–una historia que lleva 86 años desarrollándose. Yo conocía mi historia. Quise conocer la historia de otros, de manera que hice preguntas.

Tammy S. me contó una historia de cierre, perdón, y un poco de venganza. El dia en que celebraba su cumpleaños número 21, los Red Sox estaban jugando el juego 6 de la Serie Mundial. Sus amigos y ella, que de casualidad eran fanáticos de los Mets, estaban viendo el juego en la televisión mientras celebraban. Cuando el jugador Billy Buckner chapuceó una jugada muy simple, los Mets se aprovecharon de eso. Tammy soltó un gemido, y sus amigos vitorearon. Tammy regresó a su casa sintiéndose deprimida. Los Red Sox nunca se recobraron y perdieron la serie a los Mets.

Eso sucedió el 27 de octubre de 1986. Tammy y sus amigos celebraron 17 cumpleaños más, sin la compañía de los Red Sox. En su cumpleaños número 39, Tammy tuvo una vez más la oportunidad de celebrar mientras veía los Sox jugar la Serie. Al ver que al último Cardinal lo declaraban fuera de la primera base, ella gritó “¡Gracias! ¡Que gran regalo! ¡Te perdono, Bill!” De inmediato le envió a su padre, un fanático de los Sox que se había mudado a la Florida, una camisa de los Red Sox que celebraba el Campeonato de la Serie Mundial. El se la puso con orgullo para asistir a su torneo de herraduras, en las que los fanáticos de los Yankees–los mismos que se burlaban del Sr. S. cada vez que los Yankees le ganaban a los Sox–participaban. Ellos leyeron la camisa y no dijeron nada.

Algunos veteranos de muchos juegos de los Red Sox no pudieron soportar la presión de ver la Serie Mundial. Connie G., que había visto los Sox en varias Series Mundiales, evitó todos los juegos de la postemporada del 2004. Ella había visto la mayor parte de los juegos de la temporada regular, pero decidió que no podía soportar una corrida más en la montaña rusa que era la típica postemporada de los Red Sox. En lugar de eso, ella vio los reportes en las noticias y leyó las páginas deportivas. Rezaba por los Sox y les enviaba sus mejores deseos.

Connie también pensó en su padre, que eran un fanático extraordinario de los Red Sox. En los días en que no podía ver un juego en persona o en la televisión, lo escuchaba en su radio. Al romperse su radio, se sentaba en su auto para escuchar la jugada-por-jugada en el radio de su auto, aún cuando la temperatura en su automóvil sin aire acondicionado sobrepasaba los 90 grados fuera y los 120 grados adentro. ¿Qué hizo la hija de este fanático cuando supo del Evento? Miro al cielo, levanto su puño y exclamó, “¡Lo lograron, papá! ¡Lo lograron!”

Los Red Sox ganaron no tan solo por la generación de hoy, sino por las generaciones que vinieron antes. Luego de El Evento, varios jugadores expresaron que se sentían orgullosos de haber podido ganar la Serie, por aquellas leyendas que aun están vivas, como Johnny Pesky. También se sentían orgullosos de ganar por el legendario Ted Williams, que se fue para la Sala de Fama Final hace años.

Carole G. dice que el decidido padre de su esposo había sido un fanático fervoroso de los Red Sox. Desgraciadamente, el Sr. G. se enfermó de gravedad justo antes de los juegos de los Red Sox en la Serie Mundial del 1975. Mientras yacía en su cama de hospital, le pedía noticias de sus preciosos Sox a los visitantes, porque no tenía televisor. Su hijo fue corriendo a buscarle un televisor, y el fanático enfermo pudo ver a los Red Sox ganar un par de juegos. El Sr. G. murió antes de que la serie terminara, pero murió feliz, pensando en la posibilidad de que los Red Sox pudieran ganarlo todo. Los Sox si ganaron, 29 años después, y cuando lo hicieron, su hijo Tony, le envió un saludo a su padre.

La esposa de Tony, Carole, siempre había creído en los Red Sox, desde el primer juego de desempate contra Anaheim. “¡Yo se que mis muchachos lo lograrán si yo tengo fe en ellos!” me dijo. Su fe nunca titubeó. Aun cuando los Sox perdieron tres juegos durante los partidos de desempate contra los Yankees, Carole me dijo, “Yo apoyo a mis muchachos 100%. ¡Si les apoyo con alma y corazón, ganarán!” Ella tenía razón en creer en los Sox de la manera que lo hacia. Ella también tenía razón al no creer la supuesta maldición de Babe Ruth. “¿Qué maldición?” Siempre preguntaba.

¿Cual maldición? Los Sox de hecho no jugaron como un equipo bajo un hechizo. Jugaron como un equipo en la cumbre del mundo, y allí es donde fueron a terminar.

Anne Verville es una escritora de Nuevo Hampshire que esta emocionada al tener la oportunidad de escribir un articulo acerca de los Red Sox ganar la Serie Mundial. Ella esta agradecida a cada miembro, pasado y presente, del equipo de los Red Sox.

“Los Muchachos del Verano Sobreviven el Otoño (Al Fin)” es un articulo original escrito por Anne Verville. Ilustración por Dan C. Rinnert. Traducción al Español por Lyssette Rivera Cripps. Copyright 2004 por Canville Communications.

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