|
2010 septiembre 09, jueves

La Gata
Publicado por primera vez en Dec 16, 2004.
Canville Communications: Article
Una adaptación del francés por Jean Richepin
Era Nochebuena y dos personas pobres, un constructor de chozas
y su esposa, vagabundeaban por el campo cubierto de nieve.
Eran de verdad muy pobres. No tenían pastel de Navidad, ni tampoco
un caldero en donde poner un pastel ni un fuego en el que pudieran
hervirlo ni un hogar en el cual pudieran construir un fuego. Si
tan sólo tuvieran una casita pequeña, tal vez hubieran podido
quemar unos pocos carbones, colgar un caldero sobre los carbones
y cocinar un pequeño pastel en el caldero.
No tenían nada de esto, eran realmente muy, muy pobres.
Lo que más deseaban era tener una choza, no importa cuan pequeña.
Cuatro paredes, entre las cuales pudieran encender unos pocos
maderos y sentarse junto al fuego a charlar juntos, esto los haría
más dichosos que ninguna otra cosa en el mundo.
Mientras caminaban por el alto camino, tomados de la mano, y tratando
de consolarse mutuamente, se encontraron una gata realenga que
maulló y les pidió su amistad. ¡Qué flaca y pobre esa gata! No
tenía más que piel y huesos y casi ni le quedaban pelos sobre
su piel. Si hubiera sido un gato elegante y bien alimentado, tal
vez hubiera sido lo suficientemente fuerte para cazar ratones,
pero esto no era posible dado el estado actual de la gata. Su
estado era muy, muy pobre.
Los pobres siempre están dispuestos a ayudar y a ser gentiles
con los demás. Se llevaron la gata con ellos y le dieron un pedazo
o dos de la carne que les habían regalado a ellos por caridad.
Ella les dio las gracias con un ronroneo, y echó a andar, guiándoles
a través de la oscuridad de la noche, hasta que llegaron a una
choza pequeña y vacía.
Un rayo de luz de luna entró por la ventana y les sirvió como
vela permitiéndoles ver el hogar de la chimenea oscura y sin fuego
y dos banquillos, lado por lado, frente a ella. Miraron alrededor
de la cabaña buscando la gata, pero no lo vieron por ningún lado,
de manera que se sentaron, juntos, sobre los banquillos y estiraron
los brazos que sentían tanto frío.
Si tan sólo tuviéramos dos pedazos de carbón, dijo la mujer
pensativa.
Si, dos serian suficiente, dijo el hombre.
Según decían esto algo muy extraño sucedió. Desde la oscuridad
de la chimenea brillaron dos ascuas, tan amarillas como el oro
y tan calurosas como el sol.
Es nuestro regalo de Navidad, exclamó la mujer.
Del Niño Cristo que ha notado nuestra necesidad, dijo el hombre
con júbilo. Voy a soplarlas y hacer que se quemen mas brillantemente
para hacer que el fuego se encienda completamente, añadió.
¡No! No es necesario hacer eso y harás que se quemen mas rápidamente,
le rogó la mujer. Dos carbones son suficientes. ¡Siente cuán
calientes están mis manos y verás que las tuyas están igual!
De manera que comenzaron a conversar juntos de cuan agradable
había sido la Navidad para ellos por este hermoso regalo de un
fuego y se sintieron, con cada momento, mas calientes y mas felices.
Se sentaron fuente al fuego toda la noche y con cada momento que
pasaba se daban más y mas cuenta de que el fuego había sido enviado
a ellos por un milagro, pues eran tan solo dos carbones que nunca
se quemaban por completo mientras llenaban la choza de calor y
luz.
Llegó la mañana de Navidad y el rayo de luz de luna que entraba
por la ventana le dio paso a los primeros rayos de luz brillante
del sol de Navidad. La choza estaba aun caliente y confortable
y vieron frente a sus ojos un gran número de regalos de Navidad
para ellos, ropas de lana y un pastel de Navidad lleno de ciruelas
y suficientes piezas de oro y plata para permitirles vivir el
resto de sus días. No supieron qué pensar ni qué decir y se tornaron
de vuelta al fuego de los dos carbones al lado del cual se habían
sentado toda la noche.
Pero lo único que vieron fue a la pobre gata con la que habían
sido tan amables, estaba allí sentada mirándolos con sus dos ojos
amarillos. Había sido la luz de los ojos de la gata la que los
había mantenido tan calientes y felices.

Esta historia contiene el texto modificado de El Gato tomado
de Stories Children Need, publicado en el 1916 por la Milton Bradley Company; de Springfield,
Massachusetts. Ilustraciónes por Dan C. Rinnert. Traducción al
español por Lyssette Rivera Cripps. El nuevo material y la traducción
al español tienen Copyright 2004 por Canville Communications.
Descargue este articulo como un archivo PDF
Regresar a la Pagina Anterior.
Regresar a la Pagina Hogar
|