Canville Communications: Article
Yo se que la ventana falsa en la fachada de la casa de mis abuelos
era simplemente decorativa. Cuando era niño, sin embargo, no podía
entender el concepto de que hubiera una ventana que no tuviera
un cuarto correspondiente. Pero, por más que traté, nunca pude
encontrar el cuarto secreto al que le pertenecía la ventana.
Me quede mirando la ventana por varios minutos. La casa había
estado vacía por los últimos diez años pues la familia no podía
ponerse de acuerdo sobre qué hacer con ella. Finalmente, entre
todos decidieron ponerla a la venta. Cada uno de nosotros tuvo
la oportunidad de despedirse finalmente de la casa y recoger sus
últimos recordatorios antes de la subasta.
El pasearse por la casa se sentía muy surrealista. Las cosas estaban
casi exactamente en el lugar que estaban cuando mis abuelos vivían
allí. Parecía como si la misma hubiera ido un paso atrás en el
tiempo, mientras que todos se movieron hacia delante, dejando
detrás únicamente silencio.
Camine a través de todos los cuartos, pausando a revivir mis recuerdos.
Al fin llegue al último lugar para reflexionar, el sótano. Yo
nunca había gustado de ir allí sólo, pero ya que esta era mi última
oportunidad, baje las escaleras.
El sótano parecía más pequeño y mejor alumbrado de lo que yo recordaba.
Una capa fina de polvo era la única indicación de que alguien
hubiera estado allí por algún tiempo. Al fondo del sótano vi la
puerta blanca, con una ventana pequeña, cubierta por una cortina
en el lado opuesto. Yo jamás me había atrevido a abrir esa puerta
y no recordaba que nunca nadie hubiera entrado en ese cuarto ninguna
de las veces que yo vine a visitar.
Cautelosamente, entre al cuarto, que resulto ser un pasillo pequeño.
En la esquina, una silla de madera con un cojín rosado para sentarse.
Al frente de mi, dos puertas en lados opuestos de la pared. Yo
supe instintivamente que ambas puertas abrían al mismo cuarto,
aun cuando no recordaba haber estado nunca ni en este cuarto ni
en el otro.
Abrí la puerta localizada a mi izquierda y entre a un balcón.
La luz del día entraba difundida por las ventanas opacas. En la
esquina más cercana a mí, vi el viejo vagón rojo con el que yo
jugaba cuando niño. Una pila de libros viejos y extraños para
mi estaban dentro de el. Sobre los libros descansaba un osito
de peluchemi osito de peluche. Sus ojos eran simples botones
que mi abuela había cosido luego de que los originales se perdieron.
Usaba una camisa vieja que ya no me servia. ¿Cómo era posible que él estuviera aquí? La última vez que lo vi, estaba guardado en una caja en el guardarropa
de mi casa.
En la cornisa de la ventana se sentaba un viejo avión de madera,
con sus cicatrices de años de juego. Lo reconocí, como el avión
que mi padre construyó cuando niño, aún cuando no es posible para
mí explicar como yo supe esto.
Una caja cercana contenía ornamentos de Navidad que mi madre uso
para decorar su primer árbol de Navidad fuera de su casa.
Exploré este botín de recuerdos hasta que me di cuenta de que
la casa no tenia ventanas en el sótano. ¿De donde salía entonces la luz?
Al cruzar el cuarto llegué a una puerta que salía hacia fuera,
la abrí, y entre a un patio en el cual yo nunca había estado.
Por todas partes había árboles. La grama se estrechaba hasta el
horizonte. Me torne para mirar hacia el cuarto que acababa de
dejar. Vi un balcón envejecido hecho de madera blanca y ventanas
viejas de aluminio que parecían algo construido durante los años
1940s. Seguí una acera alrededor del balcón hasta el frente de
la casa.
Nada parecía familiarno se parecía a la casa de mis abuelos de
ninguna forma. ¿Dónde estaba yo? La acera llevaba hasta el camino de entrada y luego hasta la
calle. A la derecha, un caminito de grava se perdía hasta los
montes, donde un castillo aparecía en la distancia. A la izquierda,
el pavimento llevaba hasta un pueblo pequeño.
Seleccione ir a la izquierda. Después de más o menos una milla
de camino, llegue al centro del pueblo. Según yo me paseaba curiosamente
pasando las negocios y los almacenes, gente amistosa me saludaba.
Los hombres vestían saco y sombrero y las mujeres usaban sombreros
y trajes bonitos. Ellas hacían una genuflexión mientras los hombres
inclinaban sus sombreros. Descubrí que yo también usaba un saco
y sombrero. Los niños pasaban rápidamente en bicicletas, patinetas
y monopatines. Los autos, los pocos que pude ver, eran modelos
viejos de los 1950s.
Me di cuenta que curiosamente, al desearme un buen día, la gente
se refería a mí frecuentemente como Alcalde. Luego me enteré
de que mi abuelo había sido el alcalde anterior y que, sin saberlo
yo, me habían elegido al puesto.
¿Dónde esta este lugar? ¿Qué lugar es este? Dejé de hacerme estas preguntas hace algún tiempo. No podía dejar
que este lugar cayera en manos de otra persona, de manera que
compré la casa de mis abuelos. En algunas ocasiones, salgo afuera
y miro la ventana falsa. Aunque no le pertenece a un cuarto secreto,
me recuerda que existen ventanas falsas que no llevan a ningún
lado, y ventanas reales que si nos llevan a algún sitio. Pocos
conocemos ese secreto. Vivimos vidas falsas, y nadie se da cuenta.
Mientras otros temen los monstruos imaginarios que viven en sus
sótanos, nosotros entramos a nuestros sótanos para escapar los
monstruos reales que están afuera.
Escondido es una historia original por Dan C. Rinnert. Fotografía
por Dan C. Rinnert. Traducción al español por Lyssette Rivera
Cripps. Copyright 2004 por Canville Communications.