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2010 septiembre 09, jueves

El Caballero de La Pluma
Publicado por primera vez en Nov 30, 2004.
Canville Communications: Article
Un extranjero llegó el 19 de mayo del 1900 a la villa de Nuevo
Lexington, en el condado de Perry. Se trataba de un hombre joven,
recién graduado de la Universidad de Harvard, que estaba preparándose
para regresar a su tierra natal de Bulgaria. Tenía una misión
en Nuevo Lexington, pues anhelaba visitar la tumba de un muchacho
famoso del condado de Perry al cual las gentes de Bulgaria le
tienen mucho cariño y afecto. En muy pocas ocasiones se le otorgan
tales honores a los extranjeros Americanos. Este honor, sin embargo,
no era inmerecido. Es posible que usted se pregunte como es posible
que un muchacho criado entre las colinas del condado de Perry,
educado en las escuelas rudimentarias de hace más de medio siglo,
pueda recibir tal atención de gentes en el extranjero. La razón
es una de las mejores en el mundo. ¿Acaso no es cierto que le
guardemos un gran respeto a Lafayette, porque vino hasta América
y nos ayudo a ganar nuestra independencia? Entonces, ¿porque no
deben amar las gentes de Bulgaria a Januarius A. MacGahan, el
muchacho del condado de Perry que los ayudó a lograr su independencia?
La historia de la vida de este hombre parecería una página de
un romance. Nació el 12 de junio de 1844 en una cabaña de troncos,
cuyo techo se sostenía con largas vigas. Para poder entrar era
necesario pasarle por encima a una viga. La única ventana era
muy pequeña. Una enorme chimenea ocupaba una esquina del cuarto.
El dormitorio de nuestro joven héroe era el pajar, al cual se
subía por una escalera. Allí podía recostarse por la noche, y
mirando a través del techo de tablillas, ver las estrellas brillando
para el claras y frías. Nos preguntamos si, tal vez como los astrólogos
de años pasados, solía leer las estrellas y aprender de ellas
lo que el futuro le guardaría. Nos preguntamos si, mientras dormía,
con la nieve suavemente acariciándole, soñaba con los tiempos
cuando recorrería solitariamente los desiertos del Asia, en los
que cuando tocaría a las puertas del palacio y tendría audiencias
con reyes. Tal vez si algún hada le murmuró al oído las cosas
que iba a experimentar en tan solo unos pocos años, hubiera pensado
que era tan sólo la fantasía ociosa de un sueño y hubiera despertado
en la mañana a la realidad de las dificultades de la vida de pionero.
Los padres del joven MacGahan eran católicos irlandeses. Su hogar
se encontraba cerca de un lugar llamado en inglés Pigeon Roost
(Percha de Paloma). Allí había una escuela conocida entonces y
ahora como Pigeon Roost. Januarius fue a esta escuela hasta
que cumplió diecisiete anos. Debe haber sido un buen estudiante
pues a esa edad le otorgaron un certificado para enseñar. Inmediatamente
el solicitó trabajo en escuela de su lugar de nacimiento. Pero
los directores pensaron que era muy joven para enseñar y le denegaron
el puesto. Esto fue una de las mejores cosas que le pudieran suceder.
Determinado a irse de su casa, tornó su rostro al gran mundo externo,
donde iba a construir su destino.
El día que dejo su casa en las colinas del condado de Perry, con
todas sus posesiones terrenales atadas en un pequeño paquete,
tenía diecisiete anos de edad. Ya había usado la mitad de su vida,
pues tan sólo diecisiete años más tarde daría su vida por un amigo,
bajo las sombras de los minaretes de Constantinopla.
Su primer destino fueron los estados del Oeste, donde siguió varias
vocaciones. Finalmente, se trasladó a Europa a estudiar, y se
matriculó en la escuela de leyes de Bruselas. Cuando la guerra
Franco-Prusia comenzó, se convirtió en corresponsal de campo para
el New York Herald. Desde entonces el periodismo se convirtió en el trabajo de su
vida. Durante los días de la Comuna en Paris, se le encontraba
ocupado escribiendo gloriosas descripciones y recuentos de las
escenas tal que llamaban la atención por su habilidad. Durante
este tiempo lo arrestaron los comunistas y escapó de la muerte
tan solo por la intervención del ministro americano.
En el otoño del 1871, cuando Rusia estaba a punto de invadir a
Khiva, el Herald le ordenó a nuestro héroe que acompañara la armada
del Zar. MacGahan se encontraba en Saratov, en el Volga. La armada
rusa se encontraba 2,000 millas más allá, en Kazala. Era el pleno
invierno, pero ni el clima ni la distancia eran muy grandes para
el intrépido periodista. Por seis semanas, cuando el mercurio
marcaba treinta grados bajo cero, el continuó viajando, cruzando
las estepas heladas de Rusia, las Montanas Urales, y las yermas
sin límites de la Siberia, donde el rugiente viento del norte
asolaba en fieras ráfagas. Al llegar a Kazala descubrió que la
armada Rusa ya se había ido y estaba acercándose a Khiva. En el
acto, se preparó para salir. Los nativos trataron de prevenirlo,
pero deslizándose en la noche, comenzó lo que se ha convertido
en la carrera más aventurera de la historia. Solo y sin atención,
un pequeño punto en el desierto, viajó buscando la armada Rusa.
Durante veintinueve días, bajo el sol candente, que le derramaba
su calor sin piedad, el siguió sin más plan que el galopar lo
mas rápido y lejos posible. Sin agua y comida suficiente; con
un sol ardiente durante el día y un frió mortal durante la noche,
durmiendo en las arenas del desierto, siendo cazado por los Cosacos,
llego por fin a su meta, en el momento justo en que la primera
columna de las huestes rusas atacaba al enemigo. Galopando hacia
dentro de la batalla más fiera, escribió tal vivida descripción
que se ganó la admiración de los generales rusos y la armada.
Al caer Khiva, el fue uno de los primeros en entrar a sus puertas,
y su relato de la capitulación de la ciudad aún se mantiene como
una obra maestra del periodismo militar. Al regresar a Rusia,
el Zar le otorgo la Orden de San Estanislao. Por los próximos
cinco anos su experiencia fue variada y apresurada. Visita su
hogar en el condado de Perry por última vez. Va a Cuba a reportar
acerca de la complicación de Virginius. Va de prisa a reportar
sobre la insurrección Carlista. Por diez meses acompaña la armada
de Don Carlos. Lo capturan los republicanos, que lo confunden
con un Carlista y lo condenan a muerte. Una vez más lo salva la
intervención del ministro americano. Luego se va a Inglaterra,
donde acompaña al Capitán Young a las regiones del Ártico en búsqueda
de Sir John Franklin.
En el 1876 lee un corto esbozo de las atrocidades que los turcos
estaban cometiendo en Bulgaria. De inmediato se da cuenta de lo
que significa. Entrando al servicio del London Daily News, sale para unirse a la armada Turca. Este se convertirá en la
gran labor de Januarius A. MacGahan. Al describir los horrores
y brutalidades de las escenas, sus descripciones fueron tan escalofriantes
que el mundo entero se horrorizó. El contó como los turcos mahometanos
robaban y asesinaban los cristianos de Bulgaria; como quemaban
y arrasaban sus campos y hogares y ciudades; y contó de la ejecución
de muchos más crímenes casi indecibles. Fue demasiado para que
el mundo civilizado lo soportara. Los hombres se ponían pálidos
de ira y cerraban los puños involuntariamente según las palabras
ardientes de MacGahan entraban en sus corazones. Gladstone se
enfureció e incitó una revuelta contra tales barbaridades. Pero
Lord Beaconsfield, el Primer Ministro, cerró sus ojos. Bajo presión,
envió a un hombre de nombre Baring a investigar y refutar el testimonio
de MacGahan. Pero Baring regreso y no tan solo le dio validez
a lo que había escrito MacGahan, sino que explicó que no el había
contado ni tan siquiera la mitad de lo que estaba sucediendo.
Inglaterra se vio obligada a mantenerse al margen. Retiro su flota
y Turquía se quedó sin un aliado.
MacGahan mientras tanto, viajó de villa en villa en Bulgaria,
asegurándoles a las gentes que el Zar se vengaría de todo lo sucedido
y que él mismo regresaría dentro de un año con la armada Rusa
para liberarlos. La gente confiaba en sus palabras, y donde quiera
que iba le llamaban MacGahan, el Liberador de Bulgaria. Corriendo
hasta San Petersburgo, le llevo el asunto al Zar, y en muy poco
tiempo se despachó una orden para la movilización inmediata de
las fuerzas rusas. MacGahan corrió con la guardia de avanzada.
Durante la guerra que siguió, en la cual se echaron a los turcos
de Bulgaria, MacGahan fue el ídolo de la armada rusa y las gentes
de Bulgaria. Continuaba escribiendo volúmenes descriptivos. Al
fin cayo Plevna, y en la loca carrera que siguió, nuestro Caballero
errante fue con la armada, que no se detuvo hasta que las espirales
y minaretes de Constantinopla estaban a la vista. Se firmó un
tratado de paz, en el cual la independencia de Bulgaria fue reconocida.
Todo esto porque un muchacho, criado en los bosques del condado
de Perry había existido. Pero escasamente se habían movido las
nubes de la guerra cuando uno de sus amigos se enfermó de una
fiebre maligna. MacGahan lo cuido hasta que se recuperó, pero
él mismo fue afectado, y en pocos días murió en San Estefano,
un suburbio de Constantinopla, (9 de junio de 1878). El día siguiente
lo enterraron en su tumba lejana, rodeado del duelo de personas
de una docena de nacionalidades. Su cuerpo permaneció allí por
seis años, pero en 1884 la legislatura de Ohio hizo arreglos para
que se le removiera y regresara a la tierra que lo vio nacer.
El 11 de septiembre de 1884, llegó a su sepulcro final en el hermoso
cementerio de Nuevo Lexington, donde hace tan solo unos pocos
años los maestros del condado habían colocado un marcador de granito
en su memoria. Pero el verdadero monumento a MacGahan es más grande
que un pedazo de granito biselado, una columna de mármol, o una
tableta de bronce. Su monumento es una Bulgaria libre.
Tu usaste tus años, aún cuando eran pocos, para proteger a los
mas débiles;
Tu vida, aún cuando corta, cumplió su intento;
A pesar de todos los usureros diplomáticos, turcos sanguinarios,
No fue en vano que El Señor te dio una pluma para escribir.
Este articulo contiene las ilustraciones y el texto modificado
de la historia The Knight of the Pen por el autor C. L. Martzolff
de Ohio History Sketches publicado en 1903 por F. B. Pearson y J. D. Harlor, Imprenta
de Fred J. Heer, Columbus, Ohio. Traducción al español por Lyssette
Rivera Cripps. La traducción al español y el material nuevo tienen
Copyright 2004 de Canville Communications.
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