Canville Communications: Article
O, papá ¿vas a salir a pescar de nuevo esta noche? Preguntó
Harold Brewer.
Me voy a llevar mi caña, pero no sé si pescaré algo, le dijo
papá. Hace tres noches que salgo y no pesco nada.
Llévame, papá, le pidió su hijita Ruth, tu siempre dices que
yo te traigo buena suerte. Sabes que soy tu centavo de la suerte.
Papá se rió y dijo, volviéndose hacia su esposa, ¿Qué te parece
mamá?¿Crees que estaría bien?
Pues pienso que sí, ella le respondió, Yo la envolveré para
que esté calientita y tu encenderás un fuego. La abrigaré con
su abrigo grueso.
Ruth casi no podía estarse quieta ni siquiera por el tiempo necesario
para que la vistieran. El salir de pesca de noche con su padre
era una de esas cosas que ella siempre había querido hacer. Harold
había ido ya en muchas ocasiones pero a ella nunca ni tan siquiera
le habían preguntado si quería ir.
Tan pronto llegaron a la playa papá encendió un fuego grande usando
la madera que flotaba en la playa. De por sí, eso ya era muy excitante.
Era tan divertido ayudar a traer madera seca de la orilla. Una
vez el fuego estuvo bien encendido papá se sentó en un tronco
con Harold a un lado y Ruth al otro lado.
Tienes que sentarte muy cerca de mí si me vas a traer buena suerte,
le dijo papá a Ruth, pero no me muevas el codo.
Durante un rato los tres se quedaron sentados tan silenciosos
como ratoncitos, cuando de repente papá exclamó, Tengo una mordida.
Cuidado, no se me crucen en el camino. ¡Ah, es uno grande! ¡Cómo
hala! Tan excitado como un jovencito, papá se levantó. Corrió
de arriba abajo por la playa, y, más rápido de lo que pareciera,
tenia un gran róbalo.
Yo te lo dije papá, lloraba Ruth, mientras saltaba de arriba
abajo palmeteando con delicia. Yo sabía que ibas a pescar algo
si me traías contigo.
Pues en verdad me alegro de que hayas venido. Dijo papá mientras
el y Harold le quitaban el anzuelo al gran pez.
El fuego se había comenzado a apagar un poco, así es que los niños
le pusieron más madera y el grupo volvió a sentarse en el tronco.
Papá tiró su línea otra vez al agua y esperó una nueva mordida.
Esperó, y esperó y esperó, pero todo en vano.
La línea de pesca y la caña estaban tan quietas como podían, y
por fin una vocecita desde su codo le dijo un poco soñolienta,
Me imagino que ese gran pescado gastó toda la buena suerte que
yo traje conmigo.
Papá y Harold se rieron. Supongo que así fue, dijo papá, y si
es así, da lo mismo que nos regresemos a la casa. Harold puede
llevar el pez y yo traeré la caña y mi centavo de la suerte. Y
recogió a la soñolienta Ruth en sus brazos y se la arrojó sobre
el hombro.
Bueno, dijo mamá, al llegar a la casa la partida de pescadores,
¿te alegras de haber llevado a Ruth?
Ya te dejaremos saber en la mesa del desayuno, dijo papá, y
ni el ni los niños dijeron nada más.
Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando a la mesa llegó un
delicioso asado de róbalo, papá preguntó, ¿qué tu crees mamá,
crees que hice bien al llevarme a mi centavo de la suerte?
La Suerte depende de muchas cosas, tales como la paciencia,
la habilidad de escuchar, y tener el valor de pedir algo. Papá
Brewer encontró que la paciencia muchas veces es recompensada
como también lo es un adulto que escucha a un niño. La pequeña
Ruth aprendió que aquellos que piden, incluso los niños, recibirán.
Durante años, muchas personas han creído que los centavos traen
buena suerte. En aquellos días en que la gente creía en dioses
marítimos, los navegantes tiraban centavos al mar para asegurar
un viaje seguro. Esa costumbre luego se convirtió en la tradición
de tirar un centavo en una fuente o pozo para que se cumpla un
deseo. Se supone que aquellos que recogen un centavo tendrán tengan
buena suerte el resto del día. (Encuentra un centavo y recógelo; tendrás suerte todo el día .) Tal vez usted mismo haya encontrado un centavo al caminar
por una acera.
Algunas veces las personas esconden centavos en sus casas y los
dejan atrás al vender la casa para brindarles buena suerte a los
dueños nuevos. Todavía hoy en día una novia suele colocar un centavo
en su zapato nupcial, en la creencia de que el centavo les brindará
suerte y buena fortuna a ella y su esposo. Es posible que esta
tradición nupcial haya comenzado en el Reino Unido, donde el centavo era en realidad una moneda de seis peniques. Al fundarse los
Estados Unidos, los americanos continuaron las tradiciones acerca
de los centavos de la suerte. A pesar de que los americanos utilizamos
comúnmente el término centavo, el Tesoro de los Estados Unidos y la Casa de Moneda de los Estados
Unidos usan el término pieza de un-centavo. A mí me parece que
centavo suena mucho mejor, ¿no cree usted?
Esta historia contiene el texto inédito e integro y la ilustración
modificada de la historia Papas Lucky Penny tomada del libro
Who Killed Cock-Robin and Other Stories , publicado en 1905 por la Henry Altemus Company, Filadelfia,
Pensilvania; con texto nuevo adicional por Anne Verville y una
fotografia nueva de Dan C. Rinnert. Traducción al español por
Lyssette Rivera Cripps. El material nuevo y la traducción al español
tienen Copyright 2004-2005 por Canville Communications.